A corazón abierto

 

Conocí Aeryn Anders a principios de verano y me comentó que era escritora. "Bufff...pensé...¡¡¡lo que me faltaba!!! No puede ir uno tranquiloa la playa sin que el laberinto de las letras le persiga". Enseguida entablamos conversación y me brindó la oportunidad de escribir el artículo que Ud. «lector amigo» se encuentra hoy leyendo. Acción que le agradezco dado que hoy en día la vida nos provee de lecturas y momentos más agradables y placenteros, aunque no más sinceros de los que se encuentra viviendo. Uno de los apartados de la revista Mangata Magazine versa sobre las experiencias de diversos escritores sobre el hecho literario por lo que enseguida supe que este era mi apartado, si podemos calificar a este humilde costurero de ideas con semejante calificativo. Mis publicaciones son escasas, mi trayectoria breve y mis letras en algunos aspectos podríamos calificarlas incluso de «mediocres», como ya bien se ha dicho en alguna red de comunicación o prensa, aunque no comparto dicha calificación. 

 
Realicé un trabajo de investigación que me hizo saltar a la palestra murciana y conocer de primera mano el fenómeno cultural de la Región desde la época de la postguerra hasta nuestros días. Para ello conté con Maestros consagrados en pintura, literatura, cine o periodismo, lo que siempre le estaré agradecido al profesor Pedro Guerrero Ruiz, quien confió en mi persona para llevar a cabo aquel trabajo. 

 
Mi camino por las letras ha sido un camino duro y lleno de sobresaltos inesperados, no lo he tenido fácil, aunque aquí estoy...escribiendo desnudo de vestimenta y alma estas palabras en la playa de la Llana en San Pedro del Pinatar. 

 
Soy «homo pensante» y por consiguiente «homo escribiente» y así me he considerado toda la vida. Me gusta tamizar la realidad por la rica estructura, profunda y superficial, de la lengua en que me ha tocado pensar y por consiguiente escribir, el Castellano. 

 

Escribo para aprender, conocer mis límites o incluso conocerme a mí mismo. En todo acto de escritura existe un nivel de introspección que nos permite dialogar con ese cúmulo de vivencias e ideas que forman parte de nuestro bagaje cultural, literario y existencial. 

 

Entiendo el proceso de escritura como un ritual de introspección personal bastante serio y meticuloso en el que el escribiente es un mero transcriptor de una información o texto que ya está escrito o finalizado en algún limbo literario. Si tengo que elegir una franja horaria para hacerlo prefiero las primeras horas del día. He llegado a levantarme a las 04:30 de la mañana para estar sentado frente al folio en blanco a las 05:00 con los deberes hechos, una tostada de aceite y un café con leche que despeje y active el organismo. Una vez sentado en mi escritorio escucho las ideas o pensamientos para organizar la materia prima, clasificarlas y realizar el escrutinio pertinente para obtener finalmente un texto que quede libre de improntas personales o banales.  

 

Encontrar el alma del texto y puntearlo como se puntean las esculturas en madera para obtener del bloque inicial la figura que ansiamos alcanzar es un trabajo que lleva su tiempo y dedicación. No todos los días se llega al resultado previsto por la matemática del calendario.  

 

Otras veces hay que dedicar tiempo a repasar el texto ya escrito que pensabas en su momento como finalizado o correcto y tras una lectura posterior observas que no llega a encajar correctamente en el alma general de la obra, por lo que vuelves a destejer e hilvanar algunas partes hasta que todo encaje perfectamente como en una sinfonía de Bach, Mendelssohn, Mozart o Beethoven. El texto tiene un tempo al que te debes y no debes salirte de su estructura o autonomía, es él quien dictalas reglas. 

 

Me entusiasman los clásicos… Lope, Calderón, Buero, Quevedo, Góngora, Neruda, Cervantes, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Lope de Rueda, El Arcipreste, San Agustín, García Márquez, García Lorca, Celaya, Carlos Castaneda, Deepak Chopra, Krishnamurti, Karma Lingpa, Eihei DōgenHui-Neng, Osho, Whalt Whitman o Shakespeare, a quienes leí en la curva del Malecón, al aire libre, como se lee y se saborean las mejores letras, en silencio, en soledad compartida y elegida. La realidad académica me aconsejó no realizar enumeraciones de autores como la que he realizado, pero el libre academicismo que posee este artículo me permite la libertad de expresión y forma que estaba deseando. 

 

Alguien que me aprecia me recomendó la lectura de Manuel Jabois. Columnista de El País, periodista y escritor, al que le sucedió algo parecido, salvando las distancias, con mi persona y obra. Sus resacas eran conocidas en toda la ciudad y debía esforzarse dada su precaria condición de lecto-escritor público a estar a la altura de las circunstancias. Leí un artículo suyo Soy un gran explotador de mis pocos recursos05 Jun 2016 en el que decía que aquel personaje había muerto. Ya no podía mantener aquel estilo de vida que tantos años había mantenido, ahora llevaba una disciplina férrea a la que la vida le había abocado: Lo que hago es intentar parecerme a lo que los lectores y la gente espera de mí. Cumplir unas expectativas. Se supone que si he citado a Proust, es porque he leído En  busca del tiempo perdido. Así que después de citarlo, voy a leerlo desesperadamente, para estar a la altura de lo que la gente cree que soy. Eso me ocurre con los libros, con la escritura, con las charlas”.  Algo parecido sucede en mi interior y además…ya no me expreso de forma incorrecta públicamente, he de guardar las formas e intentar expresar ese desaliento vital de otra manera, utilizando un lenguaje menos vulgar y más disciplinado.  

 

No siempre tiene uno el cuerpo hecho para la escritura. Muchos factores influyen en el proceso creativo: laborales, familiares, personales son, por citar algunos de ellos,  velos de los que debo de desprenderme para entrar en el alma del texto y extraer la esencia de lo que en ese momento intento expresar. El sentimiento es un arma de doble filo ya que sin él el texto queda vacío, hueco, sin vida, inerte, forzado y obligado. Escribo con el corazón por lo que intento cuidar los sentimientos y los momentos de escritura. Hay días en los que la escritura fluye como agua cristalina de un arroyo, pura e inmaculada, simplemente virgen y es en esos días, o momentos, cuando he de aprovechar el tirón…otros por el contrario quedan contaminados por los acontecimientos que van sucediendo en esa semana de escritura y debo de realizar un fuerte esfuerzo en distanciarme de ellos para filtrarlos y depurarlos. Al final obtengo una gran cantidad de folios o archivos inconexos, dependiendo de si escribo en papel u ordenador, a los que denomino “materia prima”. Es ahora cuando comienzo a unir esos fogonazos de inspiración y ensamblo como un costurero las diferentes partes tejidas, con diferentes estados de ánimo, intentando dejar entre ellos la mínima fisura posible de sentimiento o estilo. En ese momento sujetos y predicados, verbos y complementos, citas, aposiciones, conjunciones, adverbios y adjetivos se entrelazan unos con otros formando el texto deseado y añorado. 

 

En todo este proceso la vida sigue su curso y va aportando nuevas improntas. Suelo leer otros textos diferentes al que estoy escribiendo en ese momento. Esto me sirve de relajación a la vez que me aporta nuevas ideas que puedo sumar al texto raíz. Vivimos en una realidad asombrosa en el que todo guarda conexión y armonía, aunque a veces no comprendamos el porqué de algunos acontecimientos o ideas. Todo sucede por algo y con las ideas ocurre lo mismo…si aparecen…hay que escucharlas, verlas, sentirlas y en algunos casos incluso modificarlas, dado que pueden ser percepciones erróneas que han quedado en el limbo de la memoria y han quedado cristalizadas de una u otra manera. 

 

Para escribir necesito tranquilidad, armonía, equilibro…y es por ello por lo que busco lugares aislados y tranquilos que a la vez me transmitan una vibración placentera. La playa de la Llana, la curva del Malecón, la casa cueva de un amigo en el centro Mahasandhi de Abanilla o dos grandes mesas de trabajo que he utilizado estos últimos años han servido a este joven/ no tan joven escribiente a materializar lo poco o lo mucho con lo que cuento. 

 
En definitiva, escribo para aprender y mantenerme cerca del mundo de la Cultura, que me apasiona. A día de hoy solo cuento con mi muro de Facebook, lo hago por placer, no tengo sección en ningún periódico, aunque sí un buen número de fieles lectores que me lo hacen saber, en público y en privado. No me importa, sé que estoy empezando y soy consciente de que incluso Cervantes en algún momento de su vida...fue Nadie. 

 

Espero con estas palabras contribuir al nacimiento de la revista Mangata Magazine a la que le deseo una  rápida difusión, larga existencia y calidad de contenidos. Un abrazo compañer@s 

 

Mangata Magazine
Teléfono:
Fax:
Dirección de correo electrónico:
Tweets de Mangatamagazine @mangatamagazine